Este domingo 11 de enero, el coro de Ceuta vuelve a subirse a las tablas del Gran Teatro Falla con la mochila cargada de expectativas. El año pasado fue, siendo suaves, para olvidar: afinación dudosa, sensaciones frías y un público que se quedó con más gestos de paciencia que de entusiasmo. Pero el Carnaval, como la vida, siempre da revancha.
Este domingo 11 de enero, el coro de Ceuta vuelve a subirse a las tablas del Gran Teatro Falla con la mochila cargada de expectativas. El año pasado fue, siendo suaves, para olvidar: afinación dudosa, sensaciones frías y un público que se quedó con más gestos de paciencia que de entusiasmo. Pero el Carnaval, como la vida, siempre da revancha.
Porque nadie ensaya durante meses para hacerlo mal a propósito. Detrás de un mal estreno suele haber aprendizaje, autocrítica y ganas de darle la vuelta a la tortilla. Y eso es justo lo que muchos esperan este año: no un milagro, no un premio asegurado, sino algo tan básico y tan importante como que el coro suene bien.
El Falla es exigente, no perdona, pero también sabe reconocer cuando hay mejora y honestidad sobre el escenario. Si las voces encajan, si el repertorio fluye y si se nota que hay trabajo detrás, el público sabrá valorarlo, aunque no se toque el cielo carnavalesco.
Este domingo no se trata de borrar el pasado, sino de demostrar que se ha aprendido de él. Con eso, y con un buen sonido, el coro de Ceuta ya habrá ganado mucho más que puntos: habrá recuperado la confianza. Y en Carnaval, eso es media victoria.
