Mi Rincón
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Esta semana, el Sindicato Médico de Ceuta se suma a la huelga médica convocada en toda España, una movilización impulsada por la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM). Y la pregunta que muchos ciudadanos se hacen es tan sencilla como inquietante: ¿de verdad es tan difícil llegar a un acuerdo? Cuando los médicos paran, aunque sea con servicios mínimos, algo serio está fallando. No es un capricho ni una rabieta; es el síntoma de un malestar que viene de lejos.

Esta semana, el Sindicato Médico de Ceuta se suma a la huelga médica convocada en toda España, una movilización impulsada por la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM). Y la pregunta que muchos ciudadanos se hacen es tan sencilla como inquietante: ¿de verdad es tan difícil llegar a un acuerdo? Cuando los médicos paran, aunque sea con servicios mínimos, algo serio está fallando. No es un capricho ni una rabieta; es el síntoma de un malestar que viene de lejos.

Los profesionales sanitarios llevan años denunciando sobrecarga, falta de personal, contratos precarios y una atención primaria al límite. Mientras tanto, desde el Ministerio de Sanidad y las distintas administraciones autonómicas se suceden reuniones que, según los sindicatos, no terminan de traducirse en compromisos reales. Mucha mesa de negociación, pero pocos avances palpables. Y así, la paciencia se agota.

En Ceuta, donde el sistema sanitario ya arrastra dificultades estructurales por su situación geográfica y dependencia directa del Estado, el impacto se siente aún más. No hablamos solo de números o presupuestos; hablamos de médicos que se van, de agendas saturadas y de pacientes que esperan más de lo razonable. La huelga es la punta del iceberg de un problema más profundo.

La política, por desgracia, parece instalada en el ruido permanente. Si no hay nivel político, si no hay voluntad real de ceder y escuchar, el diálogo se convierte en un trámite vacío. Gobernar también es negociar, y negociar implica aceptar que ninguna de las partes se lo llevará todo. Pero cuando prima el cálculo partidista sobre el sentido común, los acuerdos se eternizan.

Al final, quienes pagan el precio son los ciudadanos. La sanidad pública es uno de los pilares del Estado del bienestar y debería estar por encima de luchas ideológicas. No se trata de ganar titulares, sino de garantizar consultas dignas, tiempos razonables y condiciones laborales justas. Quizá no sea tan difícil llegar a un acuerdo; quizá lo difícil sea querer hacerlo de verdad.

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Ceuta, Domingo 02 de Agosto del 2026

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