Que la Sanidad participe en el Plan Nacional de Prevención, Vigilancia y Control de Enfermedades Transmitidas por Vectores no es un trámite más ni un asunto menor: es una pieza clave en la protección de la salud pública.
Que la Sanidad participe en el Plan Nacional de Prevención, Vigilancia y Control de Enfermedades Transmitidas por Vectores no es un trámite más ni un asunto menor: es una pieza clave en la protección de la salud pública.
Hablamos de enfermedades que no entienden de fronteras ni de estaciones, y que pueden expandirse con rapidez si no se controlan a tiempo. Mosquitos, garrapatas u otros vectores se convierten en transmisores silenciosos que obligan a estar un paso por delante.
Por eso este tipo de planes son tan importantes: porque no se trata de reaccionar cuando el problema ya está encima, sino de vigilar, prevenir y coordinar a todas las administraciones implicadas.
La clave está en la anticipación y en la cooperación entre territorios, algo que a menudo no se valora lo suficiente hasta que surge un brote o una alerta.
En salud pública, lo invisible también cuenta, y mucho.
