Mi Rincón
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Cada 7 de abril, los responsables del Ministerio de Sanidad sacan pecho, hacen declaraciones altisonantes y recuerdan a toda la ciudadanía su supuesto compromiso con la salud pública y la prevención. Este año no ha sido diferente: discursos bien redactados, campañas institucionales y mensajes que suenan muy bonitos. El problema es que, al menos en Ceuta, esas palabras se quedan en eso: en palabras. Porque la realidad que vivimos a diario en los centros de salud y en el Hospital Universitario dista muchísimo del panorama idílico que dibujan desde sus cómodos despachos en Madrid.

Cada 7 de abril, los responsables del Ministerio de Sanidad sacan pecho, hacen declaraciones altisonantes y recuerdan a toda la ciudadanía su supuesto compromiso con la salud pública y la prevención. Este año no ha sido diferente: discursos bien redactados, campañas institucionales y mensajes que suenan muy bonitos. El problema es que, al menos en Ceuta, esas palabras se quedan en eso: en palabras. Porque la realidad que vivimos a diario en los centros de salud y en el Hospital Universitario dista muchísimo del panorama idílico que dibujan desde sus cómodos despachos en Madrid.

Aquí faltan médicos, especialistas, recursos y, sobre todo, voluntad política. Llevamos años —literalmente años— denunciando por activa y por pasiva la situación insostenible del sistema sanitario en Ceuta. Lo dicen los profesionales, lo gritan los sindicatos, lo claman los pacientes. Y sin embargo, los responsables, tanto en el INGESA como en el Gobierno central, siguen mirando hacia otro lado, como si Ceuta no existiera. Y lo peor de todo es que, a fuerza de ignorar nuestras necesidades, terminan burlándose de nosotros en nuestra propia cara.

Hablan de prevención cuando en Ceuta ni siquiera se pueden garantizar citas en tiempo y forma con un médico de familia. Hablan de salud pública cuando tenemos un hospital saturado y una atención primaria que apenas puede respirar. Y mientras tanto, nuestros gobernantes —esos mismos que se llenan la boca con palabras como "equidad" o "cohesión territorial"— siguen con su política de promesas huecas, sin mover un dedo para cambiar la situación real de nuestra ciudad.

La ciudadanía ceutí está cansada, y con razón. Porque se puede entender una dificultad puntual, una demora por causas extraordinarias... pero no una dejadez estructural y sistemática. No una tomadura de pelo constante mientras se nos exige paciencia infinita. Ceuta no es un experimento ni una ciudad de segunda, y ya es hora de que quienes tienen competencias en materia sanitaria actúen en consecuencia.

En el Día Mundial de la Salud no necesitamos discursos. Necesitamos médicos, medios, planificación y respeto. Y si desde el Ministerio no están dispuestos a escuchar ni a actuar, que al menos tengan la decencia de no fingir que les importa. Porque la salud no se celebra con palabras, se defiende con hechos.

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Ceuta, Sábado 01 de Agosto del 2026

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