Mi Rincón
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Hay momentos en la vida pública en los que toca elegir. Entre el cargo y la conciencia. Entre callar para no molestar o mantener la palabra dada aunque eso tenga consecuencias. Gonzalo Sanz eligió defender su versión de los hechos. Dimitió cuando entendió que no podía asumir públicamente un relato distinto al suyo y este jueves, ante la jueza de la Audiencia Nacional, se ha ratificado en que trasladó al entonces delegado del Gobierno el aviso que había recibido del CNI. Además, ha aportado información de su teléfono móvil relacionada con aquellas comunicaciones.

Hay momentos en la vida pública en los que toca elegir. Entre el cargo y la conciencia. Entre callar para no molestar o mantener la palabra dada aunque eso tenga consecuencias. Gonzalo Sanz eligió defender su versión de los hechos. Dimitió cuando entendió que no podía asumir públicamente un relato distinto al suyo y este jueves, ante la jueza de la Audiencia Nacional, se ha ratificado en que trasladó al entonces delegado del Gobierno el aviso que había recibido del CNI. Además, ha aportado información de su teléfono móvil relacionada con aquellas comunicaciones.

Ese comportamiento merece ser reconocido desde una valoración editorial. Como ceutí, porque cuando su ciudad atravesaba una situación extraordinariamente grave entendió que había cosas que estaban por encima de cualquier puesto. Como político, porque renunciar a un cargo por mantener unos principios no es precisamente lo más habitual. Y como persona, porque sostener públicamente una versión cuando hacerlo puede perjudicar tu trayectoria profesional exige asumir las consecuencias de tus propias palabras.

Sanz podría haberse marchado en silencio. Podría haber mirado hacia otro lado y dejar que el tiempo enterrase las contradicciones. No lo hizo. Primero presentó su dimisión y ahora ha comparecido como testigo ante la Justicia, donde ha vuelto a mantener que informó del aviso recibido. Corresponderá a la investigación determinar exactamente qué ocurrió, quién conocía cada información y qué decisiones se adoptaron después. Esa parte pertenece a los tribunales, no a un editorial.

Pero hay algo que sí podemos valorar: la coherencia entre lo que alguien dice y lo que hace. Gonzalo Sanz dejó el despacho antes que renunciar a su versión y posteriormente la sostuvo ante una jueza. En una época en la que demasiadas veces contemplamos cómo los principios duran exactamente lo mismo que dura un cargo, ese gesto tiene un significado especial.

Ceuta necesita conocer toda la verdad de aquellos días, caiga quien caiga y llegue hasta donde llegue. Y mientras la Justicia continúa haciendo su trabajo, Gonzalo Sanz puede caminar por las calles de su ciudad sabiendo que tomó una decisión difícil: poner aquello que consideraba la verdad y su conciencia por delante del sillón. Eso, para este editorial, es comportarse como un buen ceutí, como una persona de principios y, sobre todo, con dignidad.

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Ceuta, Viernes 02 de Octubre del 2026

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