Cada año, la presentación del Proyecto de Presupuesto de la Ciudad trae titulares millonarios que llenan de expectativas a los ceutíes, aunque bien sabemos que estos fondos suelen desvanecerse en promesas inconclusas. Kissy Chandiramani ha presentado para 2025 un presupuesto de 417 millones de euros, una cifra impactante que invita a pensar en una Ceuta sin paro, sin falta de vivienda, y con calles que bien podrían tener filos de oro, de tan abundante que parece el dinero. Pero, ¿realmente vemos algo de ese “oro” reflejado en nuestra calidad de vida?
Cada año, la presentación del Proyecto de Presupuesto de la Ciudad trae titulares millonarios que llenan de expectativas a los ceutíes, aunque bien sabemos que estos fondos suelen desvanecerse en promesas inconclusas. Kissy Chandiramani ha presentado para 2025 un presupuesto de 417 millones de euros, una cifra impactante que invita a pensar en una Ceuta sin paro, sin falta de vivienda, y con calles que bien podrían tener filos de oro, de tan abundante que parece el dinero. Pero, ¿realmente vemos algo de ese “oro” reflejado en nuestra calidad de vida?
En teoría, una cifra así debería traducirse en mejoras palpables: más viviendas dignas, más empleos estables y mejores servicios. Sin embargo, año tras año, las expectativas se diluyen en un mar de papeleo, contratos externos, y supuestas obras que parecen quedarse en el papel. Nos encontramos cada vez con un despliegue de números impresionantes, pero ¿qué queda para el ceutí de a pie? ¿No deberían estos millones transformarse en acciones visibles y beneficios concretos?
La realidad es que, pese a los anuncios grandilocuentes, siguen faltando recursos en áreas clave, y el desempleo y las carencias habitacionales siguen siendo una constante. En lugar de resolver estos problemas estructurales, se tiende a destinar gran parte de estos fondos a proyectos de corta duración, que apenas generan un impacto real. Un presupuesto de esta magnitud, bien gestionado, podría convertir a Ceuta en una ciudad ejemplar. Pero en su lugar, solo parece recordarnos las promesas incumplidas.
Esperemos que este año sea distinto y que se prioricen de una vez las necesidades reales de los ceutíes. No se trata solo de lanzar cifras millonarias, sino de comprometerse con el bienestar de quienes residen aquí. Porque, al final, las expectativas de oro de este presupuesto se ven empañadas por la sensación de que estos fondos se manejan como si Ceuta fuera un escaparate y no una ciudad con necesidades urgentes.
La gente ya no quiere números; quiere ver resultados en las calles y en su vida diaria. Es hora de que los proyectos presupuestarios dejen de ser un juego de cifras y se conviertan en un cambio verdadero.
