Hay políticos que confunden la gestión con la propaganda. Y las recientes declaraciones de Javier Padilla en el Senado son un claro ejemplo de ello. Mientras los sindicatos sanitarios de Ceuta y Melilla habían decidido congelar las movilizaciones para dar una oportunidad al diálogo, el secretario de Estado optó por sacar pecho y vender una realidad idílica que poco tiene que ver con la que viven a diario los profesionales de la sanidad.
Hay políticos que confunden la gestión con la propaganda. Y las recientes declaraciones de Javier Padilla en el Senado son un claro ejemplo de ello. Mientras los sindicatos sanitarios de Ceuta y Melilla habían decidido congelar las movilizaciones para dar una oportunidad al diálogo, el secretario de Estado optó por sacar pecho y vender una realidad idílica que poco tiene que ver con la que viven a diario los profesionales de la sanidad.
Resulta difícil entender cómo alguien que ocupa una responsabilidad tan relevante puede responder a un conflicto laboral con cifras triunfalistas y mensajes autocomplacientes. Que los médicos de Ceuta cobren determinados salarios o que haya miles de aspirantes en una oferta pública de empleo no elimina los problemas que denuncian los trabajadores. Tampoco resuelve el malestar generado por una jornada laboral impuesta sin consenso. Cuando quienes están sobre el terreno dicen que existe un problema, lo inteligente es escuchar, no intentar convencerles de que viven en una realidad equivocada.
Lo más preocupante es que las palabras de Padilla llegan en el peor momento posible. Los sindicatos habían demostrado responsabilidad, aparcando las protestas y apostando por la negociación. Era una oportunidad para reconstruir puentes y rebajar la tensión. Sin embargo, desde Madrid se ha lanzado un mensaje que transmite justo lo contrario: que la Administración considera que todo funciona perfectamente y que las quejas de los profesionales son poco menos que exageraciones.
Los representantes sindicales tienen motivos para sentirse molestos. Han mostrado disposición al diálogo, paciencia y voluntad de acuerdo. A cambio, han recibido un discurso que parece ignorar por completo sus reivindicaciones. Si la confianza es la base de cualquier negociación, declaraciones como las de Padilla solo contribuyen a dinamitarla. Y cuando se rompe la confianza, los conflictos suelen agravarse.
La sanidad de Ceuta y Melilla necesita soluciones, no discursos de autobombo. Javier Padilla debería abandonar la complacencia, bajar al terreno de la realidad y entender que los trabajadores no son un obstáculo, sino una parte fundamental de la solución. Si el Ministerio continúa mirando hacia otro lado, no será culpa de los sindicatos que las protestas regresen a las calles. Será responsabilidad de quienes tuvieron la oportunidad de escuchar y prefirieron aplaudirse a sí mismos.
