Hay noticias que se repiten tanto que ya forman parte del desayuno diario en Ceuta. Una de ellas, cómo no, es la denuncia por falta de personal sanitario. Esta vez ha sido el sindicato CSIF el que ha alzado la voz para exigir al Ingesa que refuerce las plantillas ante la saturación veraniega. Y no es para menos: la presión asistencial se multiplica en verano y los profesionales están desbordados. La respuesta del Ministerio de Sanidad, como siempre, brilla por su ausencia o se limita a reconocer carencias... pero sin poner soluciones sobre la mesa.
Hay noticias que se repiten tanto que ya forman parte del desayuno diario en Ceuta. Una de ellas, cómo no, es la denuncia por falta de personal sanitario. Esta vez ha sido el sindicato CSIF el que ha alzado la voz para exigir al Ingesa que refuerce las plantillas ante la saturación veraniega. Y no es para menos: la presión asistencial se multiplica en verano y los profesionales están desbordados. La respuesta del Ministerio de Sanidad, como siempre, brilla por su ausencia o se limita a reconocer carencias... pero sin poner soluciones sobre la mesa.
Lo peor de todo no es la denuncia en sí, sino la sensación de déjà vu permanente. En la escena, repiten los actores de siempre: el señor Lopera, desde CSIF, y la señora Pérez, desde la Delegación del Gobierno. Uno lanza la advertencia y la otra sonríe, promete que lo están estudiando, y aquí no pasa nada. Pero sí pasa: hay médicos agotados, pacientes esperando horas y una población que ya no confía en que las cosas vayan a mejorar.
El gran problema es que Ceuta no tiene competencias en Sanidad, pero sí padece sus consecuencias. El Ingesa es un modelo centralizado, lento y poco sensible a las peculiaridades de una ciudad como esta. Y mientras tanto, el Ministerio —que en sus comunicados no duda en reconocer que hace falta más personal— parece tener todo el tiempo del mundo, aunque la gente no lo tenga cuando sufre un problema de salud.
La saturación no es nueva, pero la solución tampoco llega. Y lo preocupante es que ya ni siquiera sorprende. Se ha convertido en parte del paisaje político y mediático. No hay gestión proactiva, no hay refuerzo planificado y lo único que se multiplica es la paciencia de los profesionales, que ya está al límite.
A este ritmo, nos vemos repitiendo lo mismo cada verano. Cambiarán los años, quizás los ministros, pero si no se cambia el modelo ni se toman decisiones valientes, Ceuta seguirá desayunándose con esta noticia una y otra vez. Y el hartazgo, como la lista de espera, seguirá creciendo.
