El anuncio del PSOE de exigir una comisión de investigación sobre Obimasa evidencia una realidad incómoda: la oposición local ha dimitido de sus funciones de control. Mientras el Ejecutivo capea los despropósitos administrativos, el resto de los grupos parlamentarios se pierde en la comodidad del sillón o en desvaríos ideológicos.
El anuncio del PSOE de exigir una comisión de investigación sobre Obimasa evidencia una realidad incómoda: la oposición local ha dimitido de sus funciones de control. Mientras el Ejecutivo capea los despropósitos administrativos, el resto de los grupos parlamentarios se pierde en la comodidad del sillón o en desvaríos ideológicos.
El panorama es desolador. MDyC, otrora combativo, parece haber encontrado la anestesia perfecta en una vicepresidencia de la Asamblea; la moqueta institucional ha ablandado por completo su discurso. Por su parte, los diputados no adscritos protagonizan un descarado sainete, lucrándose a discreción y exprimiendo los privilegios del cargo sin rendir cuentas ante nadie.
Mientras tanto, Ceuta Ya! sigue desorientada, más pendiente de la geopolítica en Palestina y de los problemas cotidianos del Tarajal o de la opacidad en las empresas municipales en las que tienen allegados o familiares. En el otro extremo, Vox se limita a ver los toros desde la barrera, calculando fríamente el desgaste ajeno con la única aspiración pasiva de convertirse en un socio de pacto obligado tras las próximas elecciones.
Así nos va. Que tenga que ser el PSOE el único que dé un paso al frente para exigir luz y taquígrafos demuestra el preocupante vacío fiscalizador en la Asamblea. Ceuta no necesita figurantes ni calculadores en el salón de plenos, sino una oposición responsable y firme. Si los demás partidos prefieren el silencio cómodo o sus batallas particulares, que luego no se lamenten cuando las urnas castiguen su irrelevancia.
Por lo tanto, la comisión de investigación puede ser un instrumento para que se tomen decisiones importantes.
