Es realmente vergonzoso que en pleno siglo XXI, más de 3.900 menores en Ceuta no puedan disfrutar de una visión adecuada simplemente porque sus familias no tienen los recursos para costear unas gafas. Hablamos de un derecho básico, la salud visual, que condiciona no solo su calidad de vida, sino también su rendimiento escolar y su desarrollo personal. ¿Qué futuro les espera a estos niños si no pueden ni ver con claridad lo que hay frente a ellos?
Es realmente vergonzoso que en pleno siglo XXI, más de 3.900 menores en Ceuta no puedan disfrutar de una visión adecuada simplemente porque sus familias no tienen los recursos para costear unas gafas. Hablamos de un derecho básico, la salud visual, que condiciona no solo su calidad de vida, sino también su rendimiento escolar y su desarrollo personal. ¿Qué futuro les espera a estos niños si no pueden ni ver con claridad lo que hay frente a ellos?
Esta situación es un reflejo claro del abandono de quienes tienen la obligación de garantizar el bienestar de la ciudadanía, especialmente de los más vulnerables. Mientras algunos políticos se llenan la boca hablando de igualdad de oportunidades, en la realidad nos encontramos con menores que no pueden aprender porque no ven la pizarra. Y no se trata de un capricho, sino de algo tan elemental como poder ver correctamente.
Es vomitivo que los responsables políticos no hayan tomado cartas en el asunto. ¿Dónde están las soluciones? ¿Dónde está la sensibilidad hacia estas familias que no pueden permitirse un gasto tan necesario como unas simples gafas? Este problema es una vergüenza compartida por todos, pero es especialmente inaceptable que quienes tienen el poder de cambiarlo sigan mirando hacia otro lado.
No se puede hablar de progreso mientras se ignora una necesidad tan básica. Es momento de que los políticos dejen de vivir en sus burbujas y enfrenten la realidad de quienes, día tras día, luchan por ofrecer a sus hijos lo mínimo indispensable. La falta de visión de estos niños no es solo física; es también el reflejo de una sociedad que no ve la injusticia a su alrededor.
