Cuando se trata de vidas —ya sean humanas o animales— no hay expediente, sello ni tramitación que justifique la inacción. En Ceuta, la situación de la protectora de animales clama al cielo: cheniles inundados, perros sin ventilación adecuada y una reforma atrapada en el laberinto burocrático de siempre. No es admisible que, por no mover un papel a tiempo o no apretar un poco más la maquinaria administrativa, sigan padeciendo seres vivos que dependen enteramente de nosotros.
Cuando se trata de vidas —ya sean humanas o animales— no hay expediente, sello ni tramitación que justifique la inacción. En Ceuta, la situación de la protectora de animales clama al cielo: cheniles inundados, perros sin ventilación adecuada y una reforma atrapada en el laberinto burocrático de siempre. No es admisible que, por no mover un papel a tiempo o no apretar un poco más la maquinaria administrativa, sigan padeciendo seres vivos que dependen enteramente de nosotros.
El discurso de la burocracia no puede seguir siendo la coartada perfecta para no hacer nada. Hay prioridades que están por encima de los plazos y los trámites, y esta es una de ellas. Que la reforma de la protectora lleve tiempo encallada por "cuestiones técnicas" habla más de una falta de voluntad que de obstáculos insalvables. Cuando hay urgencia, se actúa. Y aquí hace tiempo que la situación dejó de ser solo incómoda para volverse insostenible.
La responsabilidad última es del político, del gestor público. Si no se toman decisiones valientes ante situaciones como esta, ¿cuándo sí? El abandono institucional no solo pone en riesgo la salud de los animales, sino también la de los trabajadores y voluntarios que intentan sacar esto adelante como pueden. Hablamos de salubridad, de integridad física, de dignidad.
No se trata de hacer milagros, sino de atender lo esencial. Igual que no dejaríamos a niños en aulas sin ventanas o a pacientes en hospitales con goteras, no podemos mirar a otro lado cuando los animales están hacinados, mojados y sin ventilación. La protección animal no es un lujo ni un capricho de unos cuantos: es un reflejo del tipo de sociedad que queremos ser.
Ceuta no puede permitirse seguir ignorando lo que sucede en esa protectora. Hay que dar respuestas, no excusas. Porque detrás del papeleo hay ladridos que nadie parece querer escuchar.
