Mi Rincón
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El presidente Sánchez ha vuelto a insistir en la necesidad de llegar a un acuerdo sobre los menores extranjeros no acompañados (MENAS), y para ello ha convocado a las ONG, en un intento de mostrar el esfuerzo del Gobierno para encontrar una solución al problema. Sin embargo, no es la primera vez que escuchamos esta retahíla. El discurso sigue siendo el mismo: hay que proteger a los menores, integrarlos en la sociedad y garantizar sus derechos. Pero, ¿de verdad es eso lo que están logrando?

El presidente Sánchez ha vuelto a insistir en la necesidad de llegar a un acuerdo sobre los menores extranjeros no acompañados (MENAS), y para ello ha convocado a las ONG, en un intento de mostrar el esfuerzo del Gobierno para encontrar una solución al problema. Sin embargo, no es la primera vez que escuchamos esta retahíla. El discurso sigue siendo el mismo: hay que proteger a los menores, integrarlos en la sociedad y garantizar sus derechos. Pero, ¿de verdad es eso lo que están logrando?

La realidad es que los MENAS deberían estar con sus padres, con sus familias, en lugar de ser tratados como una responsabilidad exclusiva de España. ¿Qué sentido tiene mantenerlos aquí, alejados de sus raíces y de sus seres queridos? Lo lógico sería promover convenios con los países de origen, y sino trasladarlos a países como Yemen o Somalia, para que sean estos quienes se encarguen de su acogida, y ahí seguro que veríamos cómo de repente aparecen padres, madres y hasta abuelos que hasta ahora parecen invisibles.

No es un secreto que este asunto ha generado un negocio para algunos, especialmente para quienes gestionan los centros de acogida y se benefician de las subvenciones. Mientras tanto, se perpetúa la idea de que estos jóvenes no tienen otra opción que permanecer en un limbo legal, sin un futuro claro y con la presión constante de integrarse en una sociedad que no siempre está preparada para acogerlos.

Es urgente que se adopten medidas reales y no más promesas vacías. El Gobierno debe dejar de lado la demagogia y centrarse en soluciones que verdaderamente ayuden a estos menores, pero sin olvidar que su lugar está con sus familias. Solo así podremos acabar con esta mentira que parece haberse convertido en un lucrativo negocio para algunos.

La clave está en un enfoque más humano y responsable, que priorice la reunificación familiar y no la institucionalización eterna de estos jóvenes. Es hora de pasar de las palabras a los hechos.

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Ceuta, Sábado 01 de Agosto del 2026

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