El Pleno de la Asamblea de Ceuta ha aprobado la inclusión de San Antonio y el fin del Ramadán como festivos locales para el próximo calendario. Una decisión que, sin duda, busca representar la diversidad cultural de nuestra ciudad. Sin embargo, no podemos evitar preguntarnos: ¿por qué San Antonio y el Eid al-Fitr sí, pero no el Día de Ceuta o el patrón de la ciudad, San Daniel?
El Pleno de la Asamblea de Ceuta ha aprobado la inclusión de San Antonio y el fin del Ramadán como festivos locales para el próximo calendario. Una decisión que, sin duda, busca representar la diversidad cultural de nuestra ciudad. Sin embargo, no podemos evitar preguntarnos: ¿por qué San Antonio y el Eid al-Fitr sí, pero no el Día de Ceuta o el patrón de la ciudad, San Daniel?
Nos resulta difícil comprender por qué una festividad como la del patrón de Ceuta, que tiene profundas raíces en nuestra historia, queda fuera de las celebraciones oficiales. San Daniel ha sido durante siglos una figura de identidad local, y su exclusión nos deja un sabor amargo. Igualmente, el Día de Ceuta es más que una fecha en el calendario; es una oportunidad para todos los ceutíes, independientemente de su fe, de sentirse parte de esta tierra. Su omisión parece un desprecio hacia nuestra identidad común.
Nadie discute que la ciudad es un crisol de culturas y religiones, pero también es cierto que en esa misma mezcla hay espacio para lo que nos une, como el Día de Ceuta, una celebración que trasciende lo religioso para ser un símbolo de unión y convivencia. Si Ceuta es un mosaico, el Día de Ceuta y la festividad de su patrón deberían ocupar piezas fundamentales en ese cuadro.
Es necesario encontrar un equilibrio que realmente represente a todos. Aceptar las fiestas musulmanas es un paso importante, pero no a costa de perder elementos claves de nuestra herencia cristiana y cívica. Porque, al final, lo que hace a Ceuta especial no es solo su diversidad, sino cómo esa diversidad convive con sus tradiciones más arraigadas.
La inclusión de San Antonio y el Eid al-Fitr es un avance, pero aún queda pendiente la reflexión sobre cómo honrar nuestras raíces sin dejar atrás lo que nos define como ceutíes.
