Mi Rincón
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Cada vez que se acercan las fechas de fin de año, la Real Academia Española (RAE) anuncia la "palabra del año", un término que, según la institución, refleja el espíritu de los tiempos. Sin embargo, al echar un vistazo a las palabras elegidas en los últimos años, nos encontramos con una tendencia alarmante: todas parecen ser reflejo de lo peor de nuestra sociedad. Escrache, aporofobia, confinamiento, populismo… y este 2024 no es diferente. Las palabras candidatas, como alucinación, fango, gordofobia, mena, o narcolancha, no son precisamente sinónimos de optimismo.

Cada vez que se acercan las fechas de fin de año, la Real Academia Española (RAE) anuncia la "palabra del año", un término que, según la institución, refleja el espíritu de los tiempos. Sin embargo, al echar un vistazo a las palabras elegidas en los últimos años, nos encontramos con una tendencia alarmante: todas parecen ser reflejo de lo peor de nuestra sociedad. Escrache, aporofobia, confinamiento, populismo… y este 2024 no es diferente. Las palabras candidatas, como alucinación, fango, gordofobia, mena, o narcolancha, no son precisamente sinónimos de optimismo.

Lo cierto es que el lenguaje refleja, de alguna manera, la percepción que tenemos de nuestro entorno, y si nos detenemos a analizar las opciones de este año, el panorama no parece ser muy alentador. La selección está marcada por términos vinculados a fenómenos sociales, políticos o ambientales negativos, que van desde el alarmante aumento de la violencia (inquiokupa, narcolancha) hasta las crisis económicas y sociales (reduflación, turistificación). El lenguaje se llena de desdicha, de problemas, de conflictos.

Es cierto que el lenguaje tiene que estar en constante evolución, adaptándose a las circunstancias, pero la pregunta es si la RAE, al elegir palabras que describen lo negativo, no está también contribuyendo a que nos centremos demasiado en lo sombrío. Al final, parece que el idioma está siendo moldeado por lo peor de nuestra realidad, mientras que la alegría, la esperanza o la superación rara vez ocupan el centro del debate. ¿Es que no hay lugar para las palabras que nos hagan sonreír?

En un momento en que parece que todo se hunde, la elección de palabras tan negativas por parte de la RAE podría reflejar, más que una observación de la realidad, una predisposición a fijarse en lo malo, lo conflictivo. Si bien es importante hablar de los problemas, también lo es dar espacio a lo positivo, a lo que nos une, a lo que nos hace avanzar. Quizás, es hora de cuestionarnos si realmente queremos que el lenguaje sea solo un espejo de nuestras ruinas, o si también queremos que nos inspire a construir algo mejor.

Este año, como en los anteriores, la palabra del año no es ninguna sorpresa. La RAE parece seguir apostando por los términos que nos hablan de nuestros fracasos, nuestras luchas y nuestros miedos. Pero, ¿no sería un respiro ver alguna palabra que nos hablara de nuestra capacidad de superación, de amor, de progreso? Tal vez un pequeño cambio de rumbo podría recordarnos que, aunque las sombras sean muchas, la luz también existe, solo que a veces necesitamos hacer un esfuerzo para encontrarla.

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Ceuta, Sábado 01 de Agosto del 2026

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