Que una asociación como ZERYNTHIA elija a la mariposa ondulada como Mariposa del Año 2026 no es un gesto menor. Es, en realidad, una pequeña llamada de atención colectiva: no todo lo valioso es raro, exótico o difícil de ver. A veces, lo que más necesita protección es precisamente aquello que creemos asegurado, lo que forma parte del decorado cotidiano y por eso dejamos de mirar.
Que una asociación como ZERYNTHIA elija a la mariposa ondulada como Mariposa del Año 2026 no es un gesto menor. Es, en realidad, una pequeña llamada de atención colectiva: no todo lo valioso es raro, exótico o difícil de ver. A veces, lo que más necesita protección es precisamente aquello que creemos asegurado, lo que forma parte del decorado cotidiano y por eso dejamos de mirar.
El proyecto “Mariposa del Año” lleva casi una década recordándonos que los insectos cuentan historias incómodas sobre cómo tratamos el territorio. Este año, en lugar de señalar una especie al borde del abismo, ZERYNTHIA ha preferido fijarse en una mariposa común de senderos, parques y riberas. El mensaje es claro: la biodiversidad no empieza en los espacios remotos, empieza donde paseamos al perro o donde juegan nuestros hijos.
La votación, muy reñida, demuestra además que hay interés social por la conservación, aunque a veces no sepamos bien cómo canalizarlo. Todas las candidatas reflejan problemas reales —fragmentación del hábitat, presión humana, pérdida de espacios naturales—, pero la victoria de Pararge aegeria pone el foco en algo aún más inquietante: también las especies “de siempre” pueden desaparecer si seguimos asfaltando, limpiando en exceso y simplificando el paisaje.
La mariposa ondulada vive en ese equilibrio tan frágil entre luz y sombra, entre lo silvestre y lo urbano. Sus orugas se alimentan de hierbas que solemos considerar malas o prescindibles, esas que crecen en cunetas y bordes de caminos y que eliminamos sin pensarlo dos veces. Quizá ahí esté la lección: conservar no siempre significa grandes gestos, sino aprender a convivir mejor con lo pequeño.
Al final, que la Mariposa del Año 2026 sea una vecina habitual es casi una invitación a cambiar la mirada. A entender que cuidar la naturaleza no es solo proteger lo excepcional, sino respetar lo cercano. Porque el día que dejemos de ver mariposas en nuestros parques, ya no valdrá decir que no lo vimos venir.
