Una vez más, la línea de autobuses que cubre la línea del Príncipe ha sido objeto de un acto violento. Nuevamente, uno de nuestros vehículos ha sido apedreado, poniendo en peligro no solo la integridad del conductor, sino también la de los pasajeros que dependen de este servicio para su vida diaria. Este incidente no es un hecho aislado, sino el resultado de una cadena de decisiones negligentes por parte de nuestras autoridades.
Una vez más, la línea de autobuses que cubre la línea del Príncipe ha sido objeto de un acto violento. Nuevamente, uno de nuestros vehículos ha sido apedreado, poniendo en peligro no solo la integridad del conductor, sino también la de los pasajeros que dependen de este servicio para su vida diaria. Este incidente no es un hecho aislado, sino el resultado de una cadena de decisiones negligentes por parte de nuestras autoridades.
Hace apenas unas semanas, se tomó la decisión de retirar la escolta policial a los autobuses que transitan por esta zona, bajo el argumento de que no se habían producido incidentes sustanciales en un tiempo. Hoy, vemos las consecuencias de esa falta de previsión y de la indiferencia hacia una problemática que no puede resolverse con el simple deseo de que desaparezca por sí sola.
Responsabilizamos directamente al consejero y al superintendente de la Policía Local. Su inacción y falta de visión nos han llevado de nuevo a esta situación de peligro constante. Decidir que no es necesaria la presencia policial en un área conocida por su conflictividad es una muestra clara de la desconexión entre las autoridades y la realidad que vivimos en las calles.
La seguridad no es un lujo, es una necesidad básica. La decisión de no escoltar a los autobuses por el Príncipe, un barrio que requiere atención y medidas preventivas, demuestra una falta de compromiso y una despreocupación por la seguridad de los ciudadanos. No podemos esperar a que ocurra una desgracia mayor para que se tomen las acciones necesarias. No podemos permitir que nuestros dirigentes sigan ignorando los problemas que enfrentamos día a día.
El día en que una tragedia suceda, no bastará con poner cara de pena. Lamentablemente, para muchos, esa expresión será solo una máscara que no oculta la falta de acción previa. Algunos ya llevan esa expresión de indiferencia grabada en sus rostros, reflejo de una gestión que ha fallado en protegernos.
