Mi Rincón
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​En el escenario político ceutí, la memoria suele ser corta y la coherencia, un bien escaso. La última pataleta de Mohamed Mustafa y su formación, Ceuta Ya!, contra la celebración de un taller de defensa personal impartido por José Félix Ramajo en instalaciones municipales, no es más que otro episodio de su acostumbrada estrategia de señalamiento e inquisición ideológica. Pretenden erigirse en los guardianes de la moral pública decidiendo quién tiene derecho a trabajar o expresarse en la ciudad, olvidando convenientemente que la libertad de expresión no es un patrimonio exclusivo de su partido.

​En el escenario político ceutí, la memoria suele ser corta y la coherencia, un bien escaso. La última pataleta de Mohamed Mustafa y su formación, Ceuta Ya!, contra la celebración de un taller de defensa personal impartido por José Félix Ramajo en instalaciones municipales, no es más que otro episodio de su acostumbrada estrategia de señalamiento e inquisición ideológica. Pretenden erigirse en los guardianes de la moral pública decidiendo quién tiene derecho a trabajar o expresarse en la ciudad, olvidando convenientemente que la libertad de expresión no es un patrimonio exclusivo de su partido.

​Resulta sonrojante presenciar la indignación de un dirigente que ha hecho del insulto y la descalificación su principal herramienta dialéctica. Desde su escaño en la Asamblea, no le tiembla el pulso a la hora de repartir carnés de decencia: tacha de racista, genocida, mercenario, mala persona o promueve declaraciones de “persona non grata” contra cualquiera que se atreva a discrepar de su agenda identitaria. Sin embargo, cuando otro ciudadano vierte opiniones contundentes o incómodas en el ejercicio de su propio criterio, Mustafa exige censura inmediata, vetos institucionales y cordones sanitarios. La ley del embudo en su máxima expresión: barra libre para difamar al adversario, pero mordaza absoluta para el que opine en sentido contrario.

​Este celo censor retrata a la perfección las prioridades de un diputado cuya trayectoria política se ha caracterizado por explotar la división comunitaria. Su discurso recurrente gira en torno al victimismo perpetuo, alimentando la falacia de que los ciudadanos de confesión musulmana sufren un veto sistemático en las oposiciones y en los procesos de selección de las empresas municipales. Curioso agravio comparativo, especialmente cuando se observa con atención la nómina de afines y allegados que jamás parecen encontrar tales obstáculos burocráticos para acceder a la órbita de los recursos públicos.

​Ceuta no necesita tutelas morales de quienes viven de fracturar la convivencia ni aspira a convertirse en un tribunal donde solo tenga cabida el dogma de Ceuta Ya!. La libertad de opinión ampara a todos o no ampara a nadie. Quien recurre a la descalificación salvaje como método habitual de hacer política carece de cualquier autoridad moral para exigir cancelaciones y vetos a los demás.

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Ceuta, Miercoles 14 de Octubre del 2026

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