Un año más, Ceuta se tiñe de rosa y lo hace por una de las causas más nobles: la lucha contra el cáncer. La vigésima edición de la Carrera de la Mujer ha vuelto a demostrar que la solidaridad no entiende de edades ni de géneros, aunque, como viene siendo habitual, son ellas —las mujeres— las que dan ejemplo con su implicación, su energía y su compromiso.
Un año más, Ceuta se tiñe de rosa y lo hace por una de las causas más nobles: la lucha contra el cáncer. La vigésima edición de la Carrera de la Mujer ha vuelto a demostrar que la solidaridad no entiende de edades ni de géneros, aunque, como viene siendo habitual, son ellas —las mujeres— las que dan ejemplo con su implicación, su energía y su compromiso.
La imagen de más de 3.000 personas recorriendo las Murallas Reales y el centro de la ciudad no deja lugar a dudas: este evento ya no es solo una cita deportiva, sino una tradición emocional, una manifestación colectiva de apoyo a quienes luchan contra la enfermedad y de homenaje a quienes no pudieron ganarla. Y no se trata de correr, ni de llegar primero. Se trata de caminar juntos, de recordar que la empatía también se entrena.
No hay que restar mérito a las entidades que lo hacen posible: la AECC, ACMUMA y el Centro Asesor de la Mujer, que año tras año logran movilizar a la ciudadanía y recaudar fondos que se traducen en servicios, terapias y apoyo real. Eventos así no solo visibilizan, también transforman. Y lo hacen con camisetas, sí, pero también con esperanza.
Eso sí, toca seguir empujando. Todavía queda mucho camino por recorrer en prevención, en concienciación y en cribados. No basta con aplaudir la marea rosa un domingo al año; hace falta que las administraciones se comprometan durante los 365 días restantes.
Porque si algo deja claro esta carrera, edición tras edición, es que Ceuta responde. Ahora falta que también respondan quienes pueden tomar decisiones que salvan vidas. Mientras tanto, gracias a todas las que lo hacéis posible, un año más. Y ya van veinte.
