Mi Rincón
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Caminar hoy por las calles comerciales de Ceuta produce el desasosiego de quien asiste a una demolición a cámara lenta. Los carteles de "se alquila" o "liquidación por cierre"  ya no son una anomalía en esquinas secundarias; son el paisaje dominante de las arterias principales. La actividad privada se apaga a la vista de todos mientras las administraciones públicas observan la sangría con la frialdad de un forense que ya da por muerto al paciente.

Caminar hoy por las calles comerciales de Ceuta produce el desasosiego de quien asiste a una demolición a cámara lenta. Los carteles de "se alquila" o "liquidación por cierre"  ya no son una anomalía en esquinas secundarias; son el paisaje dominante de las arterias principales. La actividad privada se apaga a la vista de todos mientras las administraciones públicas observan la sangría con la frialdad de un forense que ya da por muerto al paciente.

​El estrangulamiento no es casual ni sobrevenido: es el resultado de un modelo económico desmantelado sin alternativa alguna. Se liquidó el comercio transfronterizo de la noche a la mañana bajo la promesa de una aduana comercial moderna y homologada que jamás llega, reducida hoy a un señuelo diplomático que Marruecos dilata a su antojo y Madrid traga con sumisión. Mientras tanto, las empresas locales agonizan asfixiadas por los costes de flete marítimo, un régimen fiscal cuyos incentivos se diluyen en la maraña burocrática y una presión de precios que devora el poder adquisitivo de los ceutíes.

​Lo más alarmante es el cinismo oficial. Frente a persianas que caen para no volver a subir, la respuesta del poder es multiplicar comisiones estériles, encargar planes estratégicos millonarios que solo engordan el archivo de la desidia y fiarlo todo a la expansión de nóminas públicas y subsidios. Ceuta se desliza hacia un peligroso régimen de monocultivo funcionarial, donde quien no cobra del Estado o de la Ciudad Autónoma está condenado al cierre o a la emigración forzosa.

​Sin comercio, sin hostelería vigorosa y sin pequeñas empresas que generen empleo real, no hay ciudad que sostenga su autonomía ni su dignidad. No se trata de pedir limosna, sino de exigir medidas de choque fiscales y logísticas inmediatas. Quienes nos gobiernan prefieren mirar hacia otra parte, pero el veredicto es inapelable: cuando caiga la última persiana, los mismos que dejaron morir al tejido productivo descubrirán que no se puede gobernar un desierto.

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Ceuta, Sábado 10 de Octubre del 2026

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