No hay duda de que Helity ha supuesto una pequeña revolución en la forma en que los ceutíes pueden desplazarse. La rapidez de los vuelos en helicóptero hacia Málaga o Algeciras ha ofrecido una alternativa valiosa, especialmente frente a las dificultades del transporte marítimo. Sin embargo, cuesta entender por qué destinos como Sevilla, Cádiz o incluso Granada siguen fuera de la ecuación, cuando hay una demanda más que evidente.
No hay duda de que Helity ha supuesto una pequeña revolución en la forma en que los ceutíes pueden desplazarse. La rapidez de los vuelos en helicóptero hacia Málaga o Algeciras ha ofrecido una alternativa valiosa, especialmente frente a las dificultades del transporte marítimo. Sin embargo, cuesta entender por qué destinos como Sevilla, Cádiz o incluso Granada siguen fuera de la ecuación, cuando hay una demanda más que evidente.
Sevilla y Cádiz no son cualquier cosa. Son ciudades universitarias, centros administrativos y sanitarios, lugares donde miles de ceutíes estudian, se atienden médicamente o hacen gestiones. Granada, además, concentra una población estudiantil ceutí considerable. ¿Cómo es posible que, a día de hoy, no se hayan retomado –o al menos considerado seriamente– las conexiones con estos puntos clave?
No se trata solo de facilitar la vida a quienes estudian o trabajan fuera, sino de cohesionar territorialmente a Ceuta con el resto del país. Porque cada obstáculo en el transporte refuerza el aislamiento y complica algo tan básico como ir a ver a un familiar, acudir a una cita médica o regresar a casa por vacaciones. Y no hablamos de un lujo: hablamos de necesidad.
El Gobierno local, junto a la Delegación del Gobierno, debería implicarse más y presionar para que Helity amplíe su red. Ya se hizo en su día el esfuerzo por incorporar nuevos destinos, ¿por qué no retomarlo ahora que el servicio está consolidado? Con voluntad política y apoyo institucional, estas rutas pueden ser viables.
Ceuta necesita sentirse más cerca de Sevilla, de Cádiz, de Granada… No solo por cuestiones prácticas, sino también emocionales. Porque si nuestros jóvenes están allí, si nuestras vidas también transcurren allí, no tiene sentido seguir dándoles la espalda desde el aire.
