La reciente operación contra el narcotráfico, que ha terminado con 23 detenidos, incluida un guardia civil, es un recordatorio de que la lucha contra el crimen organizado no entiende de corporativismos. La Policía Nacional y la Guardia Civil han demostrado, una vez más, que la clave del éxito radica en la colaboración y la profesionalidad, incluso cuando toca señalar a los propios.
La reciente operación contra el narcotráfico, que ha terminado con 23 detenidos, incluida un guardia civil, es un recordatorio de que la lucha contra el crimen organizado no entiende de corporativismos. La Policía Nacional y la Guardia Civil han demostrado, una vez más, que la clave del éxito radica en la colaboración y la profesionalidad, incluso cuando toca señalar a los propios.
Es inevitable que la detención de un agente genere cierto impacto mediático, pero lo importante aquí es el mensaje que deja la operación: no hay espacios intocables para la ley. Que un guardia civil esté implicado en una red de narcotráfico es preocupante, pero lo es aún más si las instituciones miran para otro lado. En este caso, el trabajo conjunto ha sido impecable, y eso refuerza la confianza en nuestras fuerzas de seguridad.
El narcotráfico es una lacra que se infiltra en todos los niveles de la sociedad, y combatirlo no requiere solo recursos, sino también voluntad y coordinación. Operaciones como esta ponen de manifiesto que, cuando las distintas fuerzas policiales trabajan codo con codo, el golpe al crimen es más efectivo. Ni rivalidades absurdas ni luchas de egos: el enemigo es otro.
Es justo reconocer el esfuerzo de los agentes que han llevado a cabo esta operación con rigor y compromiso, porque en un país donde el narcotráfico sigue siendo un problema, la contundencia es la mejor respuesta. El objetivo debe ser claro: reforzar esta cooperación para que cada vez haya menos espacios para la impunidad.
