La iniciativa de VOX en el Congreso reclamando un aumento del gasto en Defensa para reforzar las fronteras de Ceuta y Melilla vuelve a poner el foco en una realidad que aquí conocemos demasiado bien: nuestras fronteras no son un concepto abstracto, son una línea viva, tensa y exigente cada día.
La iniciativa de VOX en el Congreso reclamando un aumento del gasto en Defensa para reforzar las fronteras de Ceuta y Melilla vuelve a poner el foco en una realidad que aquí conocemos demasiado bien: nuestras fronteras no son un concepto abstracto, son una línea viva, tensa y exigente cada día.
Hablamos de Ceuta y Melilla, dos ciudades que están en primera línea de Europa, donde la presión migratoria, la complejidad del entorno y la falta de medios suficientes no son teorías, son hechos cotidianos. Y ante esto, la sensación que se tiene es clara: el Gobierno de Pedro Sánchez no está dando una respuesta a la altura. No lo decimos con matices: se está dejando demasiado peso sobre las espaldas de quienes trabajan en el terreno, sin el respaldo político y presupuestario que sería lógico esperar.
Aquí no hablamos de discursos, hablamos de seguridad. De agentes que trabajan al límite. De infraestructuras que necesitan refuerzo. De una frontera que, en demasiadas ocasiones, parece sostenida más por el esfuerzo humano que por una estrategia nacional sólida. Y eso, siendo honestos, genera inquietud.
La propuesta de VOX en el Congreso, planteada por VOX, podrá gustar más o menos, pero pone el dedo en una herida evidente: Ceuta y Melilla necesitan más atención en materia de Defensa. Y necesitan menos discursos y más decisiones.
Porque la realidad es tozuda. Y hoy, con el actual Gobierno, esa respuesta no llega con la contundencia que se exige. Y cuando hablamos de fronteras, la tibieza no es una opción. O se protege de verdad, o se deja expuesta. Y ahora mismo, la sensación que tenemos aquí es que se está demasiado cerca de lo segundo.
