La reciente aprobación de un plan de formación en la Asamblea para gestionar emergencias como la DANA de Valencia plantea una pregunta inevitable: ¿qué tipo de preparación tienen quienes ya están en esos puestos? Es un contrasentido que quienes supuestamente deberían ser expertos en emergencias necesitan ahora un curso para hacer su trabajo. Si bien la intención es mejorar, parece también una confesión implícita de que la cualificación previa no es suficiente.
La reciente aprobación de un plan de formación en la Asamblea para gestionar emergencias como la DANA de Valencia plantea una pregunta inevitable: ¿qué tipo de preparación tienen quienes ya están en esos puestos? Es un contrasentido que quienes supuestamente deberían ser expertos en emergencias necesitan ahora un curso para hacer su trabajo. Si bien la intención es mejorar, parece también una confesión implícita de que la cualificación previa no es suficiente.
En Ceuta, por suerte, estamos a salvo de fenómenos como una DANA por nuestra geografía, pero eso no quita que debamos reflexionar. Si aquí ocurriera algo parecido, ¿estaríamos preparados o el caos superaría al de Valencia? Parece que la gestión de emergencias, lejos de ser un terreno dominado por expertos, se basa en un sistema que necesita parches constantes.
Es preocupante que la política entre tanto en juego en un ámbito tan técnico. ¿Qué pruebas o requisitos cumplieron quienes ocupan esos puestos? Si ahora necesitan formación, ¿qué los calificó para asumir esa responsabilidad inicialmente? Esta situación refleja una carencia estructural que no solo afecta a emergencias, sino a muchos otros ámbitos donde la incompetencia se tapa con discursos bienintencionados y, en el mejor de los casos, más cursos.
Los políticos, en lugar de diseñar planes de formación de última hora, deben garantizar que las oposiciones y procesos de selección incluyan criterios estrictos de experiencia y conocimientos. Una emergencia no espera a que terminemos el curso, y la improvisación puede costar vidas.
En Ceuta, más que en otras regiones, necesitamos rigor en la gestión pública. Este tipo de debates debería hacernos reflexionar no solo sobre la capacidad de respuesta ante emergencias, sino también sobre cómo se elige a quienes tienen en sus manos nuestra seguridad. Porque, como bien sabemos, en este pueblo ya vamos sobrados de problemas.
