Mi Rincón
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El acuerdo entre España y Marruecos de 2022, que prometía un nuevo capítulo de entendimiento bilateral, parece hoy más un espejismo que una realidad tangible. Marruecos, experto en jugar sus cartas con una mezcla de chantaje y menosprecio, vuelve a demostrar que para ellos las promesas son solo herramientas para obtener beneficios inmediatos, no compromisos serios. Y España, por su parte, parece incapaz de plantar cara y exigir el respeto que merece como nación soberana.

El acuerdo entre España y Marruecos de 2022, que prometía un nuevo capítulo de entendimiento bilateral, parece hoy más un espejismo que una realidad tangible. Marruecos, experto en jugar sus cartas con una mezcla de chantaje y menosprecio, vuelve a demostrar que para ellos las promesas son solo herramientas para obtener beneficios inmediatos, no compromisos serios. Y España, por su parte, parece incapaz de plantar cara y exigir el respeto que merece como nación soberana.

La estrategia de Marruecos es clara: tensar la cuerda hasta el límite sin romperla, logrando concesiones a cambio de lo mínimo. Este modus operandi, ya habitual, no solo perpetúa su posición de fuerza en la relación, sino que evidencia una política exterior basada en la extorsión. Las cuestiones migratorias, los intereses comerciales y la soberanía territorial se han convertido en peones de un tablero donde Marruecos juega con ventaja, mientras España parece conformarse con un papel secundario.

Pero no toda la culpa es de Marruecos. La pasividad de España, que a menudo parece más preocupada por no incomodar al vecino del sur que por defender sus propios intereses, es desalentadora. En lugar de exigir el cumplimiento de los acuerdos y marcar líneas rojas claras, el Gobierno español sigue acumulando gestos de buena voluntad que no son correspondidos. Esta actitud no solo debilita nuestra posición internacional, sino que envía un mensaje de debilidad que Marruecos no tarda en aprovechar.

No se puede construir una relación basada en el respeto mutuo cuando una de las partes utiliza el ninguneo como herramienta y la otra lo tolera. Marruecos sabe perfectamente cómo hacer valer su posición, pero España tiene la obligación de demostrar que no está dispuesta a aceptar un trato desigual. No es cuestión de enfrentarse, sino de recuperar la dignidad que implica hacerse respetar.

El tiempo de las excusas y las medias tintas se ha agotado. España debe dejar de ser el socio complaciente que mira para otro lado y pasar a ser un interlocutor firme. La amistad no se construye desde la sumisión, y si Marruecos quiere seguir jugando al despiste, que lo haga sabiendo que España no está dispuesta a seguir tolerando su política de extorsión.

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Ceuta, Sábado 01 de Agosto del 2026

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