La propuesta del PSOE para crear una Comisión Especial que diseñe una red de transporte público eficiente, accesible y sostenible en Ceuta es, como poco, una iniciativa oportuna. En una ciudad con distancias cortas pero problemas crónicos de movilidad, falta de frecuencia en los autobuses y un modelo que no termina de convencer ni a usuarios ni a trabajadores, no estaría de más sentarse a repensar el servicio desde la base.
La propuesta del PSOE para crear una Comisión Especial que diseñe una red de transporte público eficiente, accesible y sostenible en Ceuta es, como poco, una iniciativa oportuna. En una ciudad con distancias cortas pero problemas crónicos de movilidad, falta de frecuencia en los autobuses y un modelo que no termina de convencer ni a usuarios ni a trabajadores, no estaría de más sentarse a repensar el servicio desde la base.
No se trata solo de modernizar la flota o de poner más líneas. Va mucho más allá: hablamos de repensar cómo se mueve la gente en Ceuta, cómo se conecta el centro con las barriadas, cómo facilitamos el transporte a personas mayores, estudiantes o personas con movilidad reducida, y cómo conseguimos que más ceutíes opten por el transporte público en lugar del coche particular. Todo esto necesita planificación, participación y voluntad política real.
La sostenibilidad, por ejemplo, no puede seguir siendo una palabra bonita para los discursos. Si queremos una ciudad más limpia y menos congestionada, el transporte público debe ser una alternativa real y atractiva, no un último recurso para quien no tiene otra opción. Y para eso hay que invertir, pero también escuchar: a los conductores, a los vecinos, a las asociaciones.
Ahora bien, la propuesta del PSOE será tan útil como el compromiso que muestren el resto de grupos políticos para tomársela en serio. De poco sirve crear comisiones si luego quedan en papel mojado o en debates eternos sin resultados. Ceuta necesita soluciones concretas, no diagnósticos repetidos.
Así que, si esta Comisión Especial sirve para poner de verdad en marcha un modelo de movilidad del siglo XXI, bienvenida sea. Pero que no se convierta en otro brindis al sol. La ciudadanía ya no espera promesas: espera cambios.
