Mi Rincón
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Este Miércoles Santo, Ceuta se vistió de fe y emoción. Dos hermandades, tan distintas en su entorno pero tan unidas en el sentimiento, llenaron nuestras calles con la belleza de sus titulares, el respeto de sus cortejos y la esperanza que solo la Semana Santa sabe sembrar en los corazones. Desde la céntrica calle Teniente Pacheco, la Hermandad de la Flagelación y María Santísima de la Caridad abrió las puertas de su Oratorio para regalar una estampa que, con el sol como testigo, quedará grabada en la memoria de todos los que la vieron pasar.

Este Miércoles Santo, Ceuta se vistió de fe y emoción. Dos hermandades, tan distintas en su entorno pero tan unidas en el sentimiento, llenaron nuestras calles con la belleza de sus titulares, el respeto de sus cortejos y la esperanza que solo la Semana Santa sabe sembrar en los corazones. Desde la céntrica calle Teniente Pacheco, la Hermandad de la Flagelación y María Santísima de la Caridad abrió las puertas de su Oratorio para regalar una estampa que, con el sol como testigo, quedará grabada en la memoria de todos los que la vieron pasar.

Y desde Villajovita, con ese sabor a barrio que solo la Hermandad de Jesús Caído y la Virgen de la Amargura sabe imprimir, la emoción se desbordó en cada esquina. Porque verla salir desde San Juan de Dios no es solo una tradición, es un acto de comunidad, de devoción compartida, de cariño vecinal que se transforma en aplausos, lágrimas y promesas al paso del Señor y su Madre.

El cielo, que tantos quebraderos de cabeza ha dado otros años, esta vez se alió con los cofrades. El sol brilló para ellas, como si supiera que la ciudad necesitaba ese regalo. Las túnicas se mecían con el viento suave, el incienso subía como una oración constante, y los costaleros, con el alma en los pies, nos hablaron de esfuerzo, fe y amor en cada chicotá.

Hubo quien buscó refugio en el recogimiento de la estrecha calle del Oratorio de la Flagelación, o en ese caminar solemne y elegante del paso por el centro de la ciudad. Y hubo también quien se dejó llevar por la fuerza popular de Jesús Caído, por esa Amargura que, pese al nombre, cura y abraza. Ceuta vivió un Miércoles Santo de los que se cuentan, de los que se recuerdan, de los que se sienten.

Gracias, hermandades, por vuestra entrega. Gracias por sacar a la calle no solo vuestros pasos, sino también vuestro corazón. Porque lo que vivimos este Miércoles Santo fue, sencillamente, hermoso.

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Ceuta, Sábado 01 de Agosto del 2026

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