Cada año, con la llegada de alguna fiesta musulmana oficial incorporada al calendario laboral, se repite el mismo enredo: todos cierran ayer, el día señalado en la agenda, para respetar la festividad, y resulta que el día de verdad es hoy. ¿Y ahora qué? ¿Volvemos a cerrar o hacemos como si nada y se vuelve a trabajar? Este lío se ha convertido en una costumbre incómoda que genera confusión y malestar entre empleados, empresarios y la sociedad en general.
Cada año, con la llegada de alguna fiesta musulmana oficial incorporada al calendario laboral, se repite el mismo enredo: todos cierran ayer, el día señalado en la agenda, para respetar la festividad, y resulta que el día de verdad es hoy. ¿Y ahora qué? ¿Volvemos a cerrar o hacemos como si nada y se vuelve a trabajar? Este lío se ha convertido en una costumbre incómoda que genera confusión y malestar entre empleados, empresarios y la sociedad en general.
No se trata solo de un error puntual, sino de un problema estructural. Las fechas de las fiestas musulmanas dependen del calendario lunar, que no coincide con el calendario gregoriano que usamos para planificar los días festivos oficiales. Así, muchas veces la fiesta se desplaza y nadie sabe con certeza cuándo debe respetarse el cierre. ¿Cómo organizar una jornada laboral o comercial con semejante incertidumbre? La respuesta no puede ser que cada año nos pillen con el pie cambiado.
Lo que hace falta es una solución clara y consensuada. Por ejemplo, una mejor coordinación entre las autoridades religiosas y las instituciones laborales para establecer fechas fijas o ventanas concretas en las que se pueda celebrar sin afectar a la planificación general. También sería útil que se comunique con suficiente antelación, y que se implemente un protocolo común para que ni trabajadores ni empresas salgan perjudicados ni confundidos.
Este asunto no es menor. Se trata de respetar una tradición cultural y religiosa sin que ello genere trastornos innecesarios. La convivencia pasa por encontrar un equilibrio y evitar que cada año el cierre "al día siguiente" sea una excusa para un desconcierto innecesario. Ya va siendo hora de que se deje de consentir este desbarajuste y que haya un acuerdo práctico que funcione para todos.
Porque, al final, si la fiesta es hoy, hoy debe celebrarse; pero si ayer se cerró todo, ¿qué hacemos con hoy? El desconcierto no puede ser la norma ni la excusa. Que cada año no sea el mismo lío.
