En Servilimpce hay un problema enquistado. No es una empresa pública más, es el cortijo de algunos que se han convertido en un auténtico clan de asusta políticos. Gente que no quiere trabajar, que protesta por todo, que bloquea cualquier avance y que, para colmo, va filtrando y traicionando a quien de verdad intenta sacar esto adelante. Y lo más grave: lo hacen con total impunidad, porque cuentan con la complicidad de quienes deberían poner orden.
En Servilimpce hay un problema enquistado. No es una empresa pública más, es el cortijo de algunos que se han convertido en un auténtico clan de asusta políticos. Gente que no quiere trabajar, que protesta por todo, que bloquea cualquier avance y que, para colmo, va filtrando y traicionando a quien de verdad intenta sacar esto adelante. Y lo más grave: lo hacen con total impunidad, porque cuentan con la complicidad de quienes deberían poner orden.
La foto está clara: un consejo de administración donde uno de los miembros del clan actúa en clave de intereses particulares, los representantes de CCOO parecen tener un guion distinto al del resto de empresas, ya que la mano que mece la cuna en este clan marca instrucciones de destrucción desde dentro. Y claro, luego miramos las “Brigadas Verdes” y encontramos el mismo patrón, el mismo modus operandi, la misma estrategia para no trabajar. No es casualidad: es un método.
Lo que sorprende es que este entramado, este clan que dinamita desde dentro, solo tiene fuerza en Servilimpce. En ninguna otra empresa vemos semejante caos. ¿Por qué? Porque aquí están todos y el jefe dentro de la empresa, los que viven de la traición, del sabotaje y de hacer ruido para amedrentar y que nadie lo eche de menos cuando no va a trabajar y se alegre de no verlo. Y mientras tanto, los políticos no toman medidas y cuando las toman las quieren tomar al contrario.
El alcalde, en lugar de plantar cara, prefiere mirar a otro lado. Y cuando alguien se atreve a denunciarlo, a enfrentarse a los que están hundiendo la empresa, en vez de apoyarlo lo señala y lo quiere apartar. Es decir, a los malos se les da poder y a los buenos se les castiga. ¿Es ese el modelo, señor alcalde?
