Mi Rincón
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El Instituto Español de Estudios Estratégicos lo ha dicho con claridad: España necesita una capacidad de disuasión creíble en su flanco sur. No es una ocurrencia alarmista, es una advertencia seria que parte del análisis riguroso de los riesgos que se ciernen sobre nuestro entorno geoestratégico más inmediato. Pero mientras los expertos hablan de fortalecer la defensa y garantizar nuestra soberanía, el Gobierno parece vivir de espaldas a esta realidad. O peor aún, actúa como si no fuera con él.

El Instituto Español de Estudios Estratégicos lo ha dicho con claridad: España necesita una capacidad de disuasión creíble en su flanco sur. No es una ocurrencia alarmista, es una advertencia seria que parte del análisis riguroso de los riesgos que se ciernen sobre nuestro entorno geoestratégico más inmediato. Pero mientras los expertos hablan de fortalecer la defensa y garantizar nuestra soberanía, el Gobierno parece vivir de espaldas a esta realidad. O peor aún, actúa como si no fuera con él.

Lo preocupante es que no se trata solo de una cuestión de despiste. Todo apunta a que la pasividad responde a una elección deliberada. Hay demasiados gestos hacia intereses ajenos y muy pocos hacia la defensa de los nuestros. Mientras Marruecos se rearma y marca territorio, aquí se prefiere el discurso complaciente y la diplomacia del buenismo. Y la seguridad nacional no se puede construir sobre ingenuidades ni sobre silencios cómplices.

La defensa de Ceuta, Melilla y Canarias —por no hablar del control migratorio o del estrecho— exige algo más que buenas palabras: exige firmeza, estrategia y una voluntad política clara. Pero, ¿cómo vamos a tener una disuasión creíble si el propio Gobierno ni siquiera considera el sur como una prioridad? Ya se ha visto: cuando hay que defender los intereses de España, la respuesta suele llegar tarde, mal o nunca.

Es legítimo querer tener buenas relaciones con los vecinos del sur. Lo que no es aceptable es que eso se haga a costa de debilitar nuestra posición y poner en riesgo nuestra integridad territorial. La política exterior no puede estar al servicio de una agenda que mira más a Rabat que a Ceuta, más a intereses comerciales que a los intereses nacionales.

Si España quiere mantener el respeto en su vecindario, debe dejar de actuar como un espectador y empezar a comportarse como un actor con voz y peso. Porque en seguridad, como en política, quien no disuade, invita. Y con este Gobierno, lo que proyectamos es justo lo contrario de una disuasión creíble.

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Ceuta, Domingo 02 de Agosto del 2026

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