La Ciudad maneja fondos récord. Inyecciones récord. Un presupuesto que estalla por los costados. Sin embargo, la sensación en la calle es otra: estancamiento. Obras que no llegan, problemas que se repiten y una pregunta que flota en el aire: ¿dónde se nota todo ese dinero?
La Ciudad maneja fondos récord. Inyecciones récord. Un presupuesto que estalla por los costados. Sin embargo, la sensación en la calle es otra: estancamiento. Obras que no llegan, problemas que se repiten y una pregunta que flota en el aire: ¿dónde se nota todo ese dinero?
Cuando hay recursos como nunca, no alcanza con administrarlos prolijamente. Hace falta un golpe de efecto, una decisión fuerte que cambie la vida cotidiana. Y si hay un tema que resume la urgencia social, ese es la vivienda. El acceso a un techo propio dejó de ser un proyecto y pasó a ser un problema estructural que nadie termina de encarar en serio.
La Ciudad tiene hoy la oportunidad de hacer historia: apostar a un récord de viviendas construidas y convertir la vivienda en un tema prácticamente resuelto. No parches, no anuncios sueltos, sino una política clara, masiva y visible. Algo que se vea, se habite y se sienta.
Experiencias como la de Patio Páramo muestran que se puede. Con un plan ambicioso, hacer 3.000 viviendas no es una locura: es una solución concreta. Es trabajo, es movimiento económico y, sobre todo, es dignidad para miles de familias.
Ahora es el momento. Porque cuando hay dinero y no hay resultados, lo que falta no es presupuesto: falta decisión política y conexión con la realidad de la calle.
