Los médicos han vuelto a levantar la voz y esta vez no para hablar de vocación ni de aplausos, sino para pedir algo tan básico como diálogo. Reclaman al Ministerio de Sanidad que se siente de nuevo con el Comité de Huelga y trate de solucionar un conflicto que no es nuevo y que, por desgracia, se alarga demasiado. Cuando quienes sostienen el sistema sanitario piden hablar, lo mínimo es escuchar.
Los médicos han vuelto a levantar la voz y esta vez no para hablar de vocación ni de aplausos, sino para pedir algo tan básico como diálogo. Reclaman al Ministerio de Sanidad que se siente de nuevo con el Comité de Huelga y trate de solucionar un conflicto que no es nuevo y que, por desgracia, se alarga demasiado. Cuando quienes sostienen el sistema sanitario piden hablar, lo mínimo es escuchar.
Lo preocupante no es solo el conflicto en sí, sino la incapacidad política para resolverlo. Los problemas surgen, se enquistan y pasan los meses sin que nadie asuma responsabilidades claras. Da la sensación de que nuestros políticos viven en una burbuja, lejos de la realidad diaria de hospitales saturados y profesionales agotados.
Mientras tanto, el Gobierno mira para otro lado y el CIS insiste en que el PSOE sigue subiendo en intención de voto. Cuesta entender esa desconexión entre las encuestas y lo que se palpa en la calle. Que un conflicto sanitario de esta magnitud siga sin solución y aun así se vendan datos triunfalistas resulta, como poco, sonrojante.
La sanidad pública no se defiende con discursos ni con estadísticas favorables, se defiende negociando, cediendo y respetando a quienes la hacen funcionar. Ignorar a los médicos es ignorar a los pacientes. Y eso, sinceramente, demuestra una falta de vergüenza política que ya empieza a cansar a demasiada gente.
