Este jueves 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, y como cada año, se organizan jornadas, charlas y actividades para concienciar a la ciudadanía sobre la importancia de cuidar el entorno natural. Está bien que se celebre, que se eduque, que se impulse la participación social. Pero no podemos engañarnos: al planeta no lo salva un día al año, sino lo que hagamos los otros 364.
Este jueves 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, y como cada año, se organizan jornadas, charlas y actividades para concienciar a la ciudadanía sobre la importancia de cuidar el entorno natural. Está bien que se celebre, que se eduque, que se impulse la participación social. Pero no podemos engañarnos: al planeta no lo salva un día al año, sino lo que hagamos los otros 364.
El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación del aire y de los mares no son problemas lejanos ni ajenos. Están aquí. Nos afectan en lo cotidiano, en la calidad del aire que respiramos, en los alimentos que comemos, en la salud de nuestros hijos. Y aunque muchas de estas crisis tienen causas globales, cada gesto local cuenta. Reciclar, consumir con cabeza, cuidar nuestros espacios naturales o apostar por una movilidad más sostenible no son grandes gestas, pero sí pasos necesarios.
Las administraciones tienen también una gran parte de responsabilidad. No basta con hacerse la foto plantando un árbol o repartiendo folletos. Se necesita compromiso real: inversiones en energías limpias, control de residuos, mejora del transporte público, campañas de educación ambiental que lleguen a todos y políticas valientes que prioricen la sostenibilidad por encima de los intereses cortoplacistas.
Lo cierto es que todavía nos falta cultura ecológica. Nos cuesta asumir que el modelo de consumo actual es insostenible. Nos cuesta renunciar a la comodidad, al usar y tirar, a los hábitos que nos resultan convenientes pero que el planeta no puede seguir soportando. Y eso no se cambia solo desde los discursos, sino con ejemplo, constancia y voluntad.
Así que celebremos el Día del Medio Ambiente, claro que sí. Pero hagámoslo como punto de partida, no como excusa para seguir igual. Porque cuidar del planeta no es una moda ni un capricho: es, literalmente, cuestión de supervivencia.
