Cada vez que llueve, en demasiados colegios de la ciudad pasa lo mismo: aparecen goteras, se cuela el agua, se desprenden cascotes y las clases se convierten en una carrera de obstáculos. No es mala suerte ni un temporal excepcional; es el resultado de años mirando para otro lado. El último ha sido el CEIP Juan Morejón, pero cualquiera que conozca la realidad educativa sabe que no es un caso aislado.
Cada vez que llueve, en demasiados colegios de la ciudad pasa lo mismo: aparecen goteras, se cuela el agua, se desprenden cascotes y las clases se convierten en una carrera de obstáculos. No es mala suerte ni un temporal excepcional; es el resultado de años mirando para otro lado. El último ha sido el CEIP Juan Morejón, pero cualquiera que conozca la realidad educativa sabe que no es un caso aislado.
Hablar de “incidencias puntuales” ya no cuela. Cuando los problemas se repiten curso tras curso, con instalaciones deterioradas y mantenimientos improvisados, lo que hay es un fallo estructural. Parches, prisas y arreglos de emergencia que llegan tarde y no solucionan nada de fondo. Así no se garantiza ni la seguridad ni la dignidad de alumnos, familias y docentes.
Más grave aún es que, ante la falta de respuesta de la administración, hayan sido equipos directivos y familias quienes se vean empujados a arreglar lo que no les corresponde. Pintar, tapar filtraciones o buscar soluciones caseras no debería formar parte del proyecto educativo de ningún centro. Eso exige planificación, inversión y una gestión seria por parte del gobierno local.
La lista de colegios con problemas es larga y conocida: Ramón y Cajal, Mare Nostrum, Príncipe Felipe… Centros donde la comunidad educativa lleva demasiado tiempo reclamando soluciones reales que no llegan. Mientras tanto, los escolares siguen dando clase en condiciones que no se aceptarían en ningún otro edificio público.
Ceuta no puede normalizar que estudiar bajo un techo que gotea sea parte del día a día. Hace falta menos propaganda y más trabajo: un plan integral, realista y con calendario para rehabilitar y mantener los colegios como se merecen. Porque cada lluvia que destapa estas carencias no solo moja paredes, también deja en evidencia una responsabilidad que ya no admite más excusas.
