Mi Rincón
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Dicen desde la comodidad de los despachos en Madrid que el colapso que asfixia a Ceuta era "impredecible". Que nadie podía anticipar esta fractura y que la situación les ha pillado por sorpresa. Falso. De impredecible, absolutamente nada. Escudarse en el asombro cuando las costuras de la ciudad llevaban meses a punto de reventar no es un simple error de cálculo; es un ejercicio de cinismo inaceptable por parte del Gobierno central.

Dicen desde la comodidad de los despachos en Madrid que el colapso que asfixia a Ceuta era "impredecible". Que nadie podía anticipar esta fractura y que la situación les ha pillado por sorpresa. Falso. De impredecible, absolutamente nada. Escudarse en el asombro cuando las costuras de la ciudad llevaban meses a punto de reventar no es un simple error de cálculo; es un ejercicio de cinismo inaceptable por parte del Gobierno central.

Resulta un insulto a la inteligencia de los ceutíes que, tras meses de presión constante y reiteradas advertencias, la respuesta institucional sea ahora encogerse de hombros. Cuando quienes están en la primera línea avisan del desastre inminente, la obligación del Estado es dotar de recursos y actuar. Lo que no se puede tolerar es que se ignore el problema y se tache de "pesados" a quienes claman por auxilio institucional. Aquí no ha habido ninguna tormenta repentina, sino una ceguera voluntaria. Han preferido mirar hacia otro lado y, ahora que la realidad les estalla en las manos, recurren a la mentira para eludir su responsabilidad.

Conviene recordar una obviedad que algunos parecen obviar deliberadamente: Ceuta es España. Y Ceuta es la frontera sur de Europa. No somos un peón en un tablero de ajedrez geopolítico ni el trastero donde esconder lo que incomoda. Sin embargo, el trato que recibe esta tierra se asemeja al de un territorio de segunda clase, un lugar donde el Gobierno delega su negligencia para no mancharse las manos en la capital.

Ya basta de retórica vacía y de intentar reescribir los hechos. La inacción gubernamental ha llevado al límite a una ciudad que no puede soportar en solitario el peso de una crisis estructural. Ceuta exige lealtad, recursos y, sobre todo, la verdad. Menos lamentos importados por lo "imprevisible" y más respeto por una ciudad española y europea que está pagando, sola, el precio de la incompetencia política.

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Ceuta, Domingo 20 de Septiembre del 2026

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