Mi Rincón
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El último Pleno de la Asamblea volvió a convertirse en un espectáculo bochornoso, esta vez protagonizado por una nueva bronca entre el presidente Juan Vivas y el portavoz de Ceuta Ya!, Mohamed Mustafa. Lo que debería ser un espacio para el debate sereno y la búsqueda de soluciones acabó en una escalada de tensión por unas palabras tan gruesas como injustas. Decir que Ceuta es una ciudad "segregada, racista, institucionalmente corrupta y con niveles de pobreza que dan vergüenza" no es solo faltar al respeto a las instituciones, sino también a miles de ceutíes que trabajan día a día por levantar esta tierra.

El último Pleno de la Asamblea volvió a convertirse en un espectáculo bochornoso, esta vez protagonizado por una nueva bronca entre el presidente Juan Vivas y el portavoz de Ceuta Ya!, Mohamed Mustafa. Lo que debería ser un espacio para el debate sereno y la búsqueda de soluciones acabó en una escalada de tensión por unas palabras tan gruesas como injustas. Decir que Ceuta es una ciudad "segregada, racista, institucionalmente corrupta y con niveles de pobreza que dan vergüenza" no es solo faltar al respeto a las instituciones, sino también a miles de ceutíes que trabajan día a día por levantar esta tierra.

Sí, hay desigualdades. Sí, hay pobreza. Y sí, en Ceuta, como en el resto de España, hay que combatir el racismo estructural allá donde se manifieste. Pero reducir la realidad de toda una ciudad a esos términos, cargados de rencor, no ayuda en nada. Al contrario, crispa, divide y crea trincheras. Es legítimo denunciar lo que no funciona, pero no se puede construir nada cuando se parte del insulto como argumento y del odio como bandera.

El presidente Vivas respondió con contundencia, y con razón. No se puede permitir que un representante público dibuje una Ceuta en blanco y negro, donde todo es miseria y corrupción, porque eso no es cierto. La ciudad tiene problemas, pero también fortalezas, y lo que necesita es unidad y responsabilidad institucional, no discursos que siembran el resentimiento entre ceutíes.

Y sí, cuando Mustafa habla de racismo, convendría que mirara también hacia dentro. Porque hay pocas cosas más racistas que señalar al diferente cuando no piensa como uno. Pocas cosas más peligrosas que creerse moralmente superior y tratar a quien discrepa como enemigo del pueblo. Ese tono, señor Mustafa, no tiene cabida en una democracia madura.

Ceuta merece más. Merece líderes que no se dejen arrastrar por la demagogia ni por el odio. La ciudadanía está cansada de peleas de patio de colegio. Ya va siendo hora de que quienes tienen un escaño lo utilicen para construir, no para incendiar.

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Ceuta, Domingo 02 de Agosto del 2026

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