Mi Rincón
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Este domingo, la carretera del Tarajal habló por miles de ceutíes. Una larga marcha ciudadana, acompañada por cientos de motoristas, convirtió durante kilómetros una de las principales vías de la ciudad en una protesta para reclamar seguridad, control fronterizo y respuestas. Cuando tanta gente decide abandonar su casa y caminar hasta la frontera para hacerse escuchar, el Gobierno debería preguntarse qué está fallando.

Este domingo, la carretera del Tarajal habló por miles de ceutíes. Una larga marcha ciudadana, acompañada por cientos de motoristas, convirtió durante kilómetros una de las principales vías de la ciudad en una protesta para reclamar seguridad, control fronterizo y respuestas. Cuando tanta gente decide abandonar su casa y caminar hasta la frontera para hacerse escuchar, el Gobierno debería preguntarse qué está fallando.

Fernando Grande-Marlaska podrá defender la actuación de Interior, pero hay una realidad política difícil de ignorar: una parte de la sociedad ceutí no se siente suficientemente protegida. Y esa percepción no se combate desde Madrid con discursos tranquilizadores, sino con medidas, presencia institucional y explicaciones. La seguridad no consiste únicamente en desplegar policías cuando hay una manifestación; también significa que los ciudadanos puedan desarrollar su vida cotidiana con tranquilidad.

Pedro Sánchez y su Gobierno tienen la responsabilidad de responder a esta situación dentro de sus competencias. Ceuta lleva semanas reclamando más medios, control del perímetro y soluciones después de la crisis migratoria iniciada a finales de julio. La protesta de este domingo incluyó precisamente críticas al Ejecutivo central, al Ministerio del Interior y a la Delegación del Gobierno, además de reclamaciones dirigidas a las instituciones europeas. No escuchar ese mensaje sería un grave error político.

Lo preocupante es que el cansancio social siga creciendo. Cuando una población siente que sus advertencias no encuentran respuesta, aumenta la tensión y se deteriora la convivencia. Nadie debería esperar a que ocurra un incidente grave para reaccionar. Precisamente para evitarlo están las instituciones: para anticiparse, reforzar la seguridad y devolver serenidad a las calles.

Ceuta no salió este domingo a pedir privilegios. Salió a reclamar algo tan elemental como sentirse segura. La imagen de kilómetros de ciudadanos camino del Tarajal debería llegar con claridad a Moncloa y al Ministerio del Interior. Ya no basta con decir que todo está bajo control. A los ceutíes hay que demostrárselo con hechos.

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Ceuta, Lunes 21 de Septiembre del 2026

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