Ceuta volvió a vestirse de convivencia para celebrar la Shabana, una de las tradiciones musulmanas que anuncian la llegada del mes sagrado de Ramadán. Pero más allá del acto religioso en sí, lo que se respiró fue esa riqueza única que define a la ciudad: la de sus cuatro culturas caminando juntas, compartiendo espacios y respetando creencias. Aquí, cada celebración suma, no divide.
Ceuta volvió a vestirse de convivencia para celebrar la Shabana, una de las tradiciones musulmanas que anuncian la llegada del mes sagrado de Ramadán. Pero más allá del acto religioso en sí, lo que se respiró fue esa riqueza única que define a la ciudad: la de sus cuatro culturas caminando juntas, compartiendo espacios y respetando creencias. Aquí, cada celebración suma, no divide.
La antesala fue, sencillamente, perfecta. Hubo recogimiento, hubo emoción y hubo comunidad. La Shabana no es solo un momento espiritual para los musulmanes ceutíes; es también una muestra viva de cómo una tradición concreta se integra con naturalidad en el día a día de una ciudad diversa. En Ceuta, las diferencias no se toleran a regañadientes: se entienden como parte del paisaje humano.
En ese ambiente de unión estuvieron también los responsables del Gobierno local, que quisieron acompañar y trasladar sus felicitaciones por la llegada del mes sagrado. Más que un gesto institucional, fue una imagen que habla por sí sola: la de una ciudad que entiende que sus culturas no compiten, sino que conviven. Y eso, en los tiempos que corren, no es poca cosa.
Ahora, a las puertas del Ramadán 2026 que comienza este martes, el deseo es tan claro como sincero: que si la Shabana fue perfecta, el mes que empieza lo sea también. Que sea un tiempo de paz, de reflexión y de generosidad. Y que Ceuta siga siendo ese ejemplo discreto pero firme de que la diversidad, cuando se cuida, se convierte en la mayor fortaleza.
