Que en pleno 2025 Ceuta cuente con un solo psiquiatra para atender los casos agudos de salud mental es algo más que una cifra alarmante: es una vergüenza. No hay otra palabra que lo defina mejor. Nos encontramos ante un sistema que ya no da más de sí, colapsado, sin recursos y, lo peor de todo, sin soluciones a la vista. No es un problema nuevo, pero cada vez es más grave, y parece que a nadie le importa lo suficiente como para actuar con la urgencia que requiere.
Que en pleno 2025 Ceuta cuente con un solo psiquiatra para atender los casos agudos de salud mental es algo más que una cifra alarmante: es una vergüenza. No hay otra palabra que lo defina mejor. Nos encontramos ante un sistema que ya no da más de sí, colapsado, sin recursos y, lo peor de todo, sin soluciones a la vista. No es un problema nuevo, pero cada vez es más grave, y parece que a nadie le importa lo suficiente como para actuar con la urgencia que requiere.
Cuando hablamos de salud mental, no hablamos de algo menor. Hablamos de personas con episodios violentos reiterados, con trastornos graves que necesitan atención inmediata, especializada y constante. ¿Cómo se gestiona eso con un solo psiquiatra? Pues mal. Se parchea, se improvisa, se reza para que no haya una crisis más. Pero eso no es un sistema sanitario, eso es un abandono.
Las consecuencias de este caos no afectan solo a los pacientes, sino también a los profesionales que, con medios insuficientes, hacen malabares para cubrir turnos y atender emergencias. La presión es insostenible y el desgaste, inhumano. Y mientras tanto, las autoridades competentes miran para otro lado o se escudan en que no hay especialistas disponibles. ¿Y qué se está haciendo para atraerlos? Porque decir que no hay médicos ya no vale: hay que explicar qué se está haciendo para que los haya.
Resulta indignante que se reclame desde hace años un plan serio para reforzar la atención psiquiátrica en Ceuta y que sigamos como siempre o peor. Porque sí, esto va a peor. La salud mental no puede seguir siendo la gran olvidada, ni para el Ingesa ni para el Ministerio de Sanidad. No es aceptable que se espere a que ocurra una tragedia para reaccionar.
Ya está bien de excusas. La salud mental no puede seguir dependiendo del esfuerzo heroico de un puñado de profesionales. Es hora de que se asuman responsabilidades y se pongan soluciones sobre la mesa. Lo que hay ahora es indigno, y lo mínimo que merecen los ceutíes es que se les trate con el respeto y la seriedad que exige un derecho fundamental como es el acceso a una atención sanitaria digna.
