La Asamblea ha dado un paso que, en principio, suena a buena noticia: un paquete de ayudas para familias, autónomos y micropymes golpeados por la subida de precios tras la guerra de Irán. La idea, impulsada por el Grupo Socialista, parte de una realidad evidente: cuando el mundo tiembla, economías frágiles como la de Ceuta lo notan el doble. Hasta ahí, poco que discutir.
La Asamblea ha dado un paso que, en principio, suena a buena noticia: un paquete de ayudas para familias, autónomos y micropymes golpeados por la subida de precios tras la guerra de Irán. La idea, impulsada por el Grupo Socialista, parte de una realidad evidente: cuando el mundo tiembla, economías frágiles como la de Ceuta lo notan el doble. Hasta ahí, poco que discutir.
Ahora bien, como suele pasar en política, el respaldo no ha llegado sin condiciones. El Partido Popular ha dicho “sí, pero…”, y ese “pero” no es menor: falta concretar quién recibirá las ayudas, cuánto dinero habrá y de dónde saldrá. No es una objeción caprichosa; es, de hecho, lo mínimo exigible para que una propuesta no se quede en un titular bonito pero vacío.
Desde el lado socialista, se insiste en que estas medidas deben complementar las del Gobierno central, porque Ceuta juega con desventaja estructural. Y no les falta razón: la dependencia exterior y los sobrecostes convierten cualquier crisis internacional en un problema local de primer orden. El plan “Ceuta Resiste” y el bono energético apuntan en la dirección correcta, al menos sobre el papel.
Sin embargo, la experiencia reciente obliga a ser prudentes. Ya hubo iniciativas similares tras la guerra de Ucrania que, como recordó Ceuta Ya!, no terminaron de aterrizar. Ese es el verdadero riesgo: que las buenas intenciones se diluyan entre trámites, desacuerdos y falta de ejecución. La política no puede permitirse prometer alivio y entregar frustración.
Hay consenso en el diagnóstico, pero no tanto en la receta. Y mientras se afinan los detalles, familias y pequeños negocios siguen esperando respuestas. Porque más allá de debates y votaciones, lo que está en juego no es un titular, sino la capacidad real de llegar a fin de mes.
