La llegada de una nueva ministra de Educación siempre despierta expectativas, pero también viejos reclamos que nunca terminan de resolverse. El sindicato CSIF ha sido claro: es hora de retomar la negociación del Estatuto Docente y de abordar, sin rodeos, dos problemas que llevan años enquistados en el sistema educativo: las ratios elevadas y el excesivo horario lectivo.
La llegada de una nueva ministra de Educación siempre despierta expectativas, pero también viejos reclamos que nunca terminan de resolverse. El sindicato CSIF ha sido claro: es hora de retomar la negociación del Estatuto Docente y de abordar, sin rodeos, dos problemas que llevan años enquistados en el sistema educativo: las ratios elevadas y el excesivo horario lectivo.
Hablar del Estatuto Docente no es un capricho corporativo. Es hablar de condiciones laborales dignas, de estabilidad y de reconocimiento profesional para quienes sostienen la educación pública día a día. Sin un marco claro y actualizado, el profesorado sigue trabajando con normas desfasadas que no reflejan la realidad actual de las aulas ni las nuevas exigencias educativas.
La reducción de ratios, por su parte, no debería ser un debate ideológico, sino de sentido común. Aulas masificadas dificultan la atención individualizada y convierten la enseñanza en una carrera de obstáculos. Menos alumnos por clase no solo mejora el aprendizaje, también reduce el desgaste del profesorado y previene el abandono temprano.
En la misma línea, revisar el horario lectivo es clave. Más horas frente al alumnado no siempre significan mejor educación. La preparación de clases, la atención a las familias y la formación continua también cuentan, aunque no se vean. Ahora la pelota está en el tejado del Ministerio: escuchar, negociar y actuar marcará la diferencia entre un simple cambio de nombres y un verdadero impulso a la educación.



