La denuncia de JUPOL sobre el envío de policías nacionales “gratis” a la Operación Paso del Estrecho vuelve a poner sobre la mesa el enorme desgaste que existe entre el Ministerio del Interior y las fuerzas de seguridad. La sensación de abandono dentro de muchos cuerpos policiales ya no se disimula y el nombre de Fernando Grande-Marlaska se ha convertido, para muchos agentes, en símbolo de esa desconexión.
La denuncia de JUPOL sobre el envío de policías nacionales “gratis” a la Operación Paso del Estrecho vuelve a poner sobre la mesa el enorme desgaste que existe entre el Ministerio del Interior y las fuerzas de seguridad. La sensación de abandono dentro de muchos cuerpos policiales ya no se disimula y el nombre de Fernando Grande-Marlaska se ha convertido, para muchos agentes, en símbolo de esa desconexión.
La Operación Paso del Estrecho es uno de los dispositivos más importantes y exigentes del año en lugares como Ceuta. Miles de personas cruzando, jornadas interminables y una presión constante que requiere recursos, motivación y respaldo institucional. Sin embargo, numerosos agentes sienten justamente lo contrario: que se les exige cada vez más mientras reciben cada vez menos reconocimiento.
El malestar no es nuevo. Policías nacionales y guardias civiles llevan años denunciando desigualdades salariales, falta de medios y decisiones políticas tomadas desde despachos muy alejados de la realidad de la calle. Cuando quienes sostienen la seguridad de un país sienten desprecio o indiferencia por parte de sus responsables políticos, el problema deja de ser sindical para convertirse en institucional.
Y aun así, el ministro resiste cada polémica como si nada ocurriera. Pero gobernar no consiste solo en mantenerse en el cargo; también implica escuchar, corregir errores y recuperar la confianza perdida. Porque cuando quienes protegen a la ciudadanía muestran un rechazo tan evidente hacia sus dirigentes, algo profundamente serio está fallando.


