El rumor en las calles futboleras es claro: este año, la Champions League tiene un dueño predestinado, el Paris Saint-Germain. La sombra del poderío qatarí, con su músculo financiero y su red de influencia, planea sobre el torneo, generando un debate acalorado sobre la legitimidad del deporte y el papel del dinero en la élite del fútbol europeo.