Todo el mundo sabe que un político redondo es aquel que tiene todas las condiciones para triunfar, lo que se viene a llamar un animal político; sin embargo, todo lo demás se puede considerar un payaso con corbata, que acude a las sesiones plenarias para apostarse contra el respaldo de uno de los cómodos sillones de la sala de plenos, o sea, lo que viene a denominarse mojón o mierdecilla sin clase.