En el juego político español, cada gesto adquiere una dimensión simbólica que trasciende lo meramente protocolario. La reciente ausencia de Pere Aragonès, presidente de la Generalitat, en la recepción oficial previa al Mobile World Congress en Barcelona, donde decidió no estrechar la mano del jefe del Estado, refleja una postura que va más allá de la mera cortesía. Esta acción, en el contexto de tensiones nacionalistas en Cataluña, revela una fractura más profunda en el tejido de la convivencia nacional.