¿Quién es el dócil emisario que en los mentideros locales ya conocen con el revelador apodo de "el cuchara", porque ni pincha ni corta en los asuntos de peso? Formado en el arte de la palabra y el relato, este fiel servidor vivansiano logró el ansiado billete de ida hacia la Carrera de San Jerónimo gracias a su inquebrantable lealtad, más que por su peso político.
¿Quién es el dócil emisario que en los mentideros locales ya conocen con el revelador apodo de "el cuchara", porque ni pincha ni corta en los asuntos de peso? Formado en el arte de la palabra y el relato, este fiel servidor vivansiano logró el ansiado billete de ida hacia la Carrera de San Jerónimo gracias a su inquebrantable lealtad, más que por su peso político.
Sin embargo, en los lujosos pasillos de Madrid su presencia es puramente fantasmal: no se le recuerda ni una sola intervención de calado en el hemiciclo que defienda a Ceuta. Su verdadera y única labor en la capital es dedicar su tiempo a hablar maravillas de su gran mentor político y jefe político. Un fino cronista reconvertido en palmero silencioso que cobra muy bien por ello.
