Desde la Barrera
Ha pasado un año y medio desde que se denunciara lo que hoy conocemos como “caso Emvicesa” y nos hemos enterado de que por fin se ha levantado el secreto del sumario.
Desde la Barrera
Ha pasado un año y medio desde que se denunciara lo que hoy conocemos como “caso Emvicesa” y nos hemos enterado de que por fin se ha levantado el secreto del sumario.
Yo soy de los que piensan que las cosas hay que hacerlas bien y para ello es necesario tomarse cualquier asunto que nos ataña con la tranquilidad y mesura suficiente para no precipitarnos en nuestras decisiones y sobre todo, como es el caso que nos ocupa, con prudencia y hermetismo para que no se sepan las actuaciones judiciales en una ciudad pequeña donde todos nos conocemos y donde se conjuga con asiduidad el verbo “cuchichear”.
Siempre he creído en la justicia, a pesar de que en Ceuta casi todos los casos de corrupción denunciados hayan sido sobreseídos en su mayoría, a excepción de la cuestión de las carrozas compradas fuera del procedimiento legalmente establecido por Premi y Jaramillo, donde la Audiencia ha ratificado la condena por prevaricación hace escasos días.
No obstante, una vez levantado el secreto del sumario, todo parece indicar que se pudieran producir nuevas detenciones, a raíz de lo instruido y sobre todo por lo que tengan que decir las personas privadas de libertad que se negaron a declarar, pero que una vez conocido la totalidad del sumario pudieran aportar datos y documentos que pudieran salpicar a otras personas.
Es digno de loa el papel desempeñado por la jueza que ha tenido los arrestos suficientes para llevar a cabo una investigación de tal envergadura con total imparcialidad y que ha demostrado de una vez por todas la existencia de la separación de poderes en esta Ceuta marinera, presa de los tentáculos del político de turno; de hecho, el otro día leí el comentario del portavoz del Partido Popular que afirmaba sobre las actuaciones judiciales sobre este caso, con total rotundidad y con un tono bastante chulesco y retador, que nadie era intocable en este pueblo.
Al portavoz del Partido Popular le diría que el problema de las mentes cerradas es que siempre tienen la boca abierta, o que el tiempo es un juez tan sabio que no sentencia de inmediato, pero al final siempre da la razón a quien de verdad la tiene.
En fin, Señor Portavoz, “para ser grande primero tienes que aprender a ser pequeño porque la humildad es la base de toda verdadera grandeza” porque el ignorante crítica porque cree saberlo todo mientras que el inteligente respeta porque cree que puede aprender algo nuevo.

