¿No tienes la sensación a veces de ir por la vida dejando que el piloto automático sea el que conduzca tu propio vehículo?
¿No tienes la sensación a veces de ir por la vida dejando que el piloto automático sea el que conduzca tu propio vehículo?
¿Sabes? Últimamente me estoy regalando muchos permisos, y uno de ellos es el de conectar con esa parte de la infancia que busca lo natural, lo puro, que juega, que se divierte y sobre todo pregunta, que no es que yo me haya caracterizado por tragarme mis dudas, pero últimamente lo pongo todavía más en práctica.
Y en esa realidad en la que ahora elijo moverme, me surgen cadenas de dudas parecidas a las de los niños pequeños, ¿vamos en automático? ¿Nos paramos a ser conscientes de qué somos, quién somos? ¿Intentamos conectar todas esas partes que son nuestras? ¿Por qué hacemos lo que hacemos como lo hacemos? ¿Son necesarias tantas técnicas y tanta parafernalia? ¿De verdad tiene que ser complicado, lejano y sufrido?
Y podría seguir, ¿eh? ;)
No sé, creo, y siempre lo he creído, que lo que funciona mejor es lo más sencillo, que lo natural, lo cercano, lo básico, suele ser lo que da mejor resultado y que las complicaciones que a veces surgen parten más de nuestra propia complicación.
¿Exceso de ruido? Puede ser
¿Exceso de ego? Ahí mejor ni entro :-)
¿Exceso de racionalidad? Probablemente también.
Quizá sea más natural aceptar, escuchar, mirar, pensar (tampoco lo vamos a demonizar) y sentir, e intentar que todo esto vaya en una línea coherente.
Tal vez si quitamos el piloto automático, si nos hacemos presentes, conscientes de este momento, sin dejarnos arrastrar por el pasado, sin cerrarnos o condicionar el futuro, asumir las riendas de nuestro propio vehículo sea algo sencillo y natural.
Y desde que tuve mi primer triciclo, he preferido ser yo quien conduce, incluso aunque a veces en el proceso de aprendizaje me haya dado tortas de todos los colores.
Lo del automático no mola, ¿verdad?
Respira, sonríe y vive
Edith Rivas
www.centroglobal2.es

