En estos días hemos estado celebrando el día internacional del Yoga, festejando, difundiendo y buceando en el maravilloso mundo de Yoga, y en un momento, mirando la imagen global de todo lo vivido y compartido, me planteo varias preguntas.
En estos días hemos estado celebrando el día internacional del Yoga, festejando, difundiendo y buceando en el maravilloso mundo de Yoga, y en un momento, mirando la imagen global de todo lo vivido y compartido, me planteo varias preguntas.
¿Qué es el Yoga para mí?
Una forma de vivir, una filosofía, algo que surgió en mi camino como resultado de una búsqueda personal y que marcó un punto de inflexión, un antes y un después que me hizo más consciente, más humana, que me dio respuestas a muchas preguntas vitales que siempre habían estado ahí.
¿Para qué practico y sigo aprendiendo Yoga?
Y digo “practico y sigo aprendiendo” porque en esta vida todos somos maestros de todos y aprendices de todo, y en algún momento te das cuenta de que siempre estamos aprendiendo y es un baño de humildad y realidad. Mi “para qué” es claro, para seguir conectando conmigo misma, con todo lo que me rodea y con ese “algo” mayor que yo que está por ahí haciéndonos conscientes de esa interconexión que existe entre todo y entre todos.
¿Cómo influye Yoga en mi vida?
Desde la consciencia y el permiso de seguir siendo humana, tratando de poner en valor distintos preceptos que tienen que ver con una actitud vital, con una elección y un rumbo:
Los cinco Yamas:
Ahimsa: No dañar
Asteya: No robar,
Satya: Sinceridad
Bramacharya: Evitar el gasto energético innecesario
Aparigrha: Practicar el desapego
Los cinco Niyamas:
Saucha: Limpieza de cuerpo, pureza de comportamiento
Santosha: Estar en paz con uno mismo, sentirse contento
Tapas: Disciplina, resistencia
Svadhayaya: Autoconocimiento y estudio de textos espirituales
Ishvarapranidhana: Amor y entrega a la sabiduría universal
Desde el cuidado del cuerpo y la mente por medio de las Asanas y Pranayama, además de la práctica habitual de la Meditación y el entrenamiento de la concentración.
Y sobre todo, desde ese punto que me llevó a encontrar herramientas que me ayudasen a vivir mejor, a saber quién era y qué hacía aquí, qué me conectaba con la vida y con el mundo y qué era importante para mi.
¿Practicamos un poquito?
Respira, sonríe y vive
Edith Rivas

