En aquel atardecer el de Portoplano estaba degustando una bebida caliente en la terraza mirando a la plaza del pueblo. Mientras miraba y remiraba fuera y dentro de si mismo. Se le acercaron varios conocidos de toda la vida, en parte conocidos y en parte desconocidos, como todo ser humano, conocido y desconocido para si mismo, conocido y desconocido para el resto.
