Nuestro sistema educativo no es malo, ahora bien, es mejorable y no debe quedarse anclado. Todo evoluciona y no se trata de un cambio por costumbre, se trata de avanzar y seguir adelante en mejores condiciones, de un modo inclusivo para el alumnado y el conjunto de la sociedad. Los retos personales, profesionales y sociales que afectan a las niñas, niños y los jóvenes podrán abordarse con mejores posibilidades, que permitan en definitiva una sociedad que crezca en capacitación, libertad, justicia y democracia.
